domingo, 2 de febrero de 2014

almería, un grave de rotondas

IDEAL ALMERIA

Se han impuesto como un método para gestionar la fluidez del tráfico rodado y un elemento decorativo, pero también se les ven defectos 


Almería, un gruyére de rotondas
Las hay con fuentes, con banderas, con escudos, con esculturas, con aviones, con tomates de mármol, con parras. Existen de menos de un metro de diámetro o que ocupan mucho más que un estadio de fútbol. Con montañas, con árboles, diáfanas, redondas, ovaladas. Con semáforos o sin ellos. Son las rotondas. Ese fenómeno que ha revolucionado el tráfico rodado y que ha plagado de circulitos los mapas de nuestras ciudades y pueblos, como quesos gruyère. Observen un mapa y contabilicen. En cualquier población mediana de la provincia le faltarán dedos, no solo en las manos, para contabilizar las glorietas que pueblan sus calles. De cualquier tipo y en cualquier lugar. En zonas de nueva expansión y en las ya consolidadas.
¿Cuántas rotondas hay en la provincia de Almería? Imposible conocer el número. Están por doquier, en carreteras nacionales, autonómicas, provinciales y locales. Y claro, hay administraciones que, de tanto hacer rotondas, ni siquiera saben, a ciencia cierta -porque no tienen un inventario- cuántas hay en su territorio. «No hay un censo», admiten fuentes de la Gerencia Municipal de Urbanismo de la capital, uno de los municipios en los que las rotondas han venido arrasando con mayor virulencia como la solución de diez para el tráfico rodado junto a los aparcamientos subterráneos. Se eximen de cualquier 'rotonditis' o 'fiebre de la rotonda' alegando que «todas las que se han hecho contaban con un informe de tráfico». Una argumentación que sirviera, por sí sola, para explicar su multiplicación en las últimas dos décadas.
Porque las glorietas, salvo honrosas excepciones, han surgido como método antiatascos en los últimos quince o veinte años. Casualmente, dos de las históricas glorietas que existían en Almería, las de Puerta de Purchena y la popularmente llamada como 'plaza circular', de la que le viene el sobrenombre a Eduardo Pérez, son historia. Y en su lugar, en aquellos lugares en los que había semáforos, han surgido con más o menos éxito -en función de a quién se le pregunte- el cruce circular, el que está de moda.
Roquetas y Vícar, los ejemplos
La multiplicación de las rotondas ha venido íntimamente ligada a la explosión urbanística, al crecimiento de las ciudades y a la proliferación de un urbanismo en horizontal -ciudad extensa, típicamente norteamericano- en contraposición al de ciudad compacta mediterráneo. Adosados, chalets, urbanizaciones en el extrarradio de escasa densidad poblacional que, al no contar con público objetivo suficiente, dependen sin alternativa del transporte privado. Y con la expansión urbanística y la multiplicación de los coches, la experimentación con las rotondas.
Por ejemplo en Roquetas de Mar, uno de los municipios con más glorietas en sus vías públicas. Sólo en los bulevares de Aguadulce y El Parador, y en la carretera de Alicún, ya faltan dedos. A finales de los 90, el desarrollo urbanístico y el crecimiento poblacional elevaron la densidad de tráfico de este municipio y convirtieron la gran vía de acceso, la carretera, en un auténtico cuello de botella. La ubicación de rotondas en su trazado en sustitución de los anteriores semáforos aligeraron la circulación. Y de ahí a extender el modelo al resto del municipio... fue un paso. «Son informes de la Policía Local los que apoyan la creación de rotondas en los puntos en los que las hay», argumentan fuentes de la Delegación municipal de Suelo y Vivienda, Transporte y Movilidad. Tienen, en su término municipal, un total de 47 rotondas. Lejos, no obstante, de las más de cien existentes en Dos Hermanas, Sevilla, uno de los municipios andaluces con más rotondas.
En Vícar le siguen a la zaga. «Hay 41 rotondas, la inmensa mayoría en los bulevares», apuntan desde los servicios de prensa del Ayuntamiento. Las tienen perfectamente identificadas y ubicadas. Cuatro son estatales y están en los accesos a la autovía. Tres son de la Junta y están en el tramo de El Parador de la Variante de Roquetas (en término municipal vicario). Dos son de Diputación y están en la carretera de La Mojonera. El resto, 32, son municipales. «Dan una mayor fluidez al tráfico», remarcan desde el Consistorio vicario.
Visión 'cochecentrista'
¿Son las rotondas la mejor opción? Puede que sí o puede que no. La respuesta, poco taxativa, la da José Ángel Ferrer, arquitecto almeriense, urbanista. «Lógicamente, resuelven muy bien el tráfico rodado», apunta. Sin embargo, tienen también sus pegas y no son útiles en todos los cruces. «Si no se tiene en cuenta el tráfico peatonal, pues al final no estamos resolviendo el problema global de la ciudad», expone. Un ejemplo de esta situación lo ubica en la rotonda de Las Almadrabillas, bajo el Cable Inglés. «Resuelve el problema del tráfico rodado, pero genera una barrera peatonal importante en varios sentidos de la circulación». «Como todos los proyectos, hay que tratarlos de manera global. Hay que pensar en el peatón», remarca.
Es, en el caso de las rotondas, el gran olvidado. En un cruce de vías regulado por semáforos, el peatón no tiene que dar un rodeo para continuar su marcha. Además, la existencia de semáforos le aporta seguridad. En las rotondas, sin embargo, para cruzar una distancia corta, se obliga a dar un gran rodeo y a cruzar, generalmente, por pasos de cebra sin regulación lumínica. «En una autovía no hay tanto problema porque no hay tráfico peatonal. Pero en una ciudad, donde el tráfico peatonal es importante, quizá hay que estudiarlo de otra manera», apunta Ferrer.
«Su proliferación es consecuencia del aumento del parque móvil en las ciudades, fundamentalmente. Pero es necesario compatibilizarlo con los peatones. Si solo resolvemos uno de los problemas, no lo resolvemos todo globalmente». Por ello, apunta a análisis puntuales, independientes e individualizados. «Hay que analizar cada uno de los cruces y de los puntos con problemas de tráfico y ver hasta qué punto es sólo tráfico rodado o también peatonales». Y pese a que apunta al parque móvil, no esconde que en el boom en los últimos años «puede haber algo de esnobismo, de moda». «En general, no es mala solución», resume, pese a su apuesta por un análisis individual.
Las plataformas de movilidad sostenible no son, precisamente, grandes defensoras de este modelo de nexo urbano, vial y urbanístico. La razón es que una buena solución general, al aplicarla a casos particulares puede llegar a caer en el absurdo. Por ejemplo, rotondas minúsculas en calles con poca densidad de tráfico que se solucionarían con un cruce tradicional o con un 'ceda el paso' o la eliminación generalizada de semáforos.
Julio Valdivia, miembro del colectivo Doble Fila -que apuesta por una movilidad sostenible y menos motorizada- argumenta que «se está abusando de las rotondas hasta el absurdo». «Hay rotondas ridículas y minúsculas que podrías solucionar con un cruce o un semáforo». «Se está utilizando esa solución para todo, como si fuera el único modo de solventar el problema. Es como decir que la solución para la movilidad ciclista son solo y exclusivamente los carriles bici», asevera. «Es el ejemplo claro del cochecentrismo, en el que se le da prioridad absoluta, en el que se piensa todo en función de cómo afecta al coche. Ese es el error», apunta.
Terreno para el adorno
Además de su impacto en la movilidad, tanto de vehículos como de peatones, las rotondas tienen un impacto visual en el paisaje. Porque las hay de todos tipos. Desde escuetas y verticales a grandes y diáfanas. desde estrechas y ovaladas a redondas y grandes. Y para diferenciarlas para darles un aire distinguido, algunos ayuntamientos se han esforzado en dotarlas de elementos diferenciadores.
Por ejemplo, en la Ronda Este de Jerez de la Frontera (Cádiz) hay siete rotondas en línea recta. El Ayuntamiento optó por 'facilitarle' a los conductores un método con el que guiarse y en el centro las dotó de esculturas con números. Así, se puede señalar que para llegar a la casa del cuñado, solo hace falta girar a la derecha en la rotonda del cinco, y para la de la suegra, en la de tres.
En Almería no se ha llegado a eso, pero algunos alcaldes y concejales han decorado las glorietas con elementos de lo más particular. Por ejemplo en la capital, junto a Torrecárdenas, tres tubos del fallido trasvase del Ebro traídos expresamente hasta la ciudad fueron convertidos en una fuente con mensaje político: «Lo que pudo ser y no fue pero será», rezaba un cartel adosado al monumento. Una declaración de intenciones que, por el momento, sigue sin ser realidad. Lo que sí que es realidad es que la agricultura ha comenzado a ubicarse, como elemento crucial de la economía, en un punto de especial consideración en los monumentos que encumbran los agujeros del gruyère almeriense. En Níjar, un enorme tomate de mármol corona una columna de Blanco Macael en el centro de una enorme glorieta que rinde honores al sostén económico de la comarca -junto al turismo-. En Vícar, para diferenciar el enorme collar de rotondas existente a lo largo del bulevar, cada una tiene un motivo. El agua, los Juegos mediterráneos de 2005, el folklore, la paz, el corazón del poniente... y la agricultura. Pimientos, calabacines, berenjenas o calabazas de mármol, bajo dos agricultores al abrigo de un invernadero, coronan la glorieta vicaria.
No es el único elemento de recuerdo de qué sostiene las despensas almerienses. En la capital, dos rotondas recuerdan las canteras de mármol (junto al cementerio, en la carretera de Granada) y la parra para la uva de mesa (en el enlace hacia Piedras Redondas) insisten en el que ha sido el sostén alimenticio de los almerienses en los últimos años.
Pueden gustar más o menos. Hay quien llama 'Plaza de Toros' a la rotonda que enlaza las carreteras de Granada y Ronda y las ramblas de Amatisteros e Iniesta. Por su tamaño, no porque haya animales de cornamenta. Y es raro que haya alguien que dude cuando se le dice «nos vemos en la rotonda de los 'chupachús'», en la entrada a Torrecárdenas. Porque gustarán más o menos, serán -a nuestros ojos- más o menos útiles en la finalidad de unir personas. Pero si hay una cosa más que clara es que han llegado para quedarse. Cuanto menos, que sepamos cuál es cuál.
C

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